El Colegio de Profesionales en Informática y Computación advierte que los contenidos falsos pueden afectar a personas, empresas, instituciones y procesos democráticos.
La facilidad con la que actualmente se pueden crear imágenes, audios y videos mediante inteligencia artificial ha convertido la desinformación digital en uno de los principales desafíos tecnológicos y sociales.
Una publicación manipulada puede producirse en pocos minutos y difundirse globalmente antes de que usuarios, empresas o autoridades tengan la oportunidad de comprobar su autenticidad. Este fenómeno ya no afecta únicamente a las redes sociales, sino que puede perjudicar reputaciones, operaciones empresariales, procesos democráticos, sistemas de ciberseguridad y la confianza en las instituciones.
El Colegio de Profesionales en Informática y Computación (CPIC) advirtió que el reto no consiste solamente en reconocer noticias falsas, sino también en comprender la evolución de las tecnologías empleadas para modificar y fabricar contenidos.
“La desinformación dejó de ser únicamente un problema de comunicación. Hoy es también un desafío tecnológico”, explicó Marvin Jiménez, especialista en ciberseguridad y miembro de la Comisión de Ciberseguridad del CPIC.
Según el experto, herramientas como la inteligencia artificial generativa permiten crear contenidos cada vez más difíciles de diferenciar de la realidad. Ante esta situación, resulta necesario fortalecer las capacidades técnicas y el pensamiento crítico de la ciudadanía.
Contenidos falsos se difunden en minutos
Uno de los mayores riesgos es la velocidad con la que circula la información en Internet. Los algoritmos de recomendación, las publicaciones automatizadas, las cuentas falsas y los llamados “bots” pueden amplificar mensajes engañosos en cuestión de minutos.
A esto se suma el crecimiento de los deepfakes, una tecnología capaz de recrear imágenes, voces y videos con un alto grado de realismo. Aunque estas herramientas pueden utilizarse legítimamente en educación, entretenimiento e investigación, también incrementan el riesgo de fraudes, suplantaciones de identidad, campañas de manipulación y daños a la reputación.
El CPIC recomienda que, antes de compartir cualquier contenido, las personas se pregunten quién lo publicó, cuál es la fuente original, si existe evidencia que lo respalde y qué intención podría encontrarse detrás del mensaje.
“La mejor herramienta para combatir la desinformación sigue siendo una ciudadanía informada”, agregó Jiménez.
Para enfrentar este problema, el Colegio considera indispensable combinar educación digital, innovación tecnológica, ciberseguridad y colaboración entre instituciones públicas, empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil.
En un entorno donde cualquier persona puede generar contenidos con apariencia auténtica, fortalecer la alfabetización digital y aprender a verificar la información serán acciones fundamentales para proteger la confianza y la seguridad de los usuarios.



