VIOLENCIA ENTRE JÓVENES ABRE LLAMADO A PREVENIR CONFLICTOS Y FORTALECER LA SALUD MENTAL

Un hecho violento entre dos jóvenes, ambos estudiantes y aparentemente conocidos entre sí, ha generado conmoción en el país y reabierto la conversación sobre la violencia entre adolescentes y la necesidad de fortalecer la prevención.

Las imágenes del incidente, grabadas por un testigo y difundidas en redes sociales, han aumentado el impacto emocional del caso, provocando reacciones de dolor, indignación e incredulidad en la población.

“El primer impulso social suele ser buscar culpables o simplificar el fenómeno en términos de ‘buenos y malos’. Sin embargo, desde la psicología lo importante es entender qué procesos sociales, emocionales y culturales pueden estar detrás de estos episodios”, explica Álvaro Solano, director de Psicología de Universidad Fidélitas

Más allá del caso específico, la especialista señala que este tipo de situaciones debe analizarse también desde una perspectiva preventiva, ya que la violencia entre jóvenes rara vez surge de forma repentina.

Considera que estos episodios suelen estar relacionados con conflictos acumulados, emociones mal gestionadas o entornos donde los jóvenes no cuentan con suficientes herramientas para manejar la frustración, el enojo o situaciones de humillación.

Durante la adolescencia y la transición a la adultez temprana, aproximadamente entre los 16 y 21 años, el cerebro aún se encuentra en proceso de desarrollo en áreas relacionadas con el control de impulsos, la regulación emocional y la evaluación de consecuencias.

A esto se suma el papel que hoy tienen las redes sociales, donde los conflictos pueden convertirse en espectáculos públicos, amplificando la presión social y la forma en que los jóvenes enfrentan las confrontaciones.

“Lamentablemente, en la actualidad, los jóvenes viven hoy en entornos donde los conflictos pueden convertirse en espectáculos públicos. Eso cambia la forma en que se perciben las confrontaciones y también cómo reaccionan”, advierte el docente de Fidélitas.

El impacto de la viralización

Uno de los elementos que más ha impactado a la población es la circulación del video del hecho en redes sociales.

Especialistas advierten que la repetición constante de escenas violentas puede provocar un efecto de trauma colectivo, especialmente entre jóvenes que se identifican con las personas involucradas.

Además, la viralización puede generar lo que se conoce como “distancia emocional digital”, donde las personas observan el hecho a través de una pantalla y reaccionan más como espectadores que como participantes que pueden intervenir o pedir ayuda.

Qué hacer ante una situación de riesgo

Ante una discusión o posible agresión entre jóvenes, los especialistas recomiendan algunas acciones básicas para evitar que la situación escale:

  • Mantener distancia física para no ponerse en riesgo.
  • Pedir ayuda inmediata a adultos cercanos o personas presentes.
  • Llamar a las autoridades correspondientes.
  • Evitar provocar o intensificar el conflicto.
  • Si se graba el hecho, utilizar el material únicamente como evidencia para las autoridades y no difundirlo en redes sociales.

Señales de alerta en los jóvenes

Los conflictos entre adolescentes muchas veces muestran señales previas que pueden ayudar a prevenir situaciones de violencia.

Entre los cambios que las familias deben observar se encuentran:

  • Aislamiento repentino o ruptura brusca con amistades.
  • Expresiones frecuentes de ira, resentimiento o humillación.
  • Conflictos constantes en redes sociales.
  • Cambios abruptos de conducta o impulsividad.
  • Comentarios relacionados con venganza o confrontaciones.

Los especialistas recomiendan que, más que vigilar o castigar, las familias promuevan espacios de conversación donde los jóvenes puedan expresar lo que sienten y aprender a manejar emociones difíciles.

El papel de las comunidades educativas

En el país existen protocolos para prevenir y atender situaciones de violencia dentro de las comunidades educativas, incluyendo casos de bullying, amenazas o portación de armas.

Estos lineamientos establecen la detección temprana de conflictos, la activación de rutas de atención y el acompañamiento psicológico para las personas involucradas.

Especialistas coinciden en que la prevención requiere un trabajo constante que incluya a familias, centros educativos y comunidades.

Más allá de la indignación que generan estos hechos, el desafío es construir espacios donde los jóvenes aprendan a resolver conflictos de forma pacífica y a manejar emociones como la rabia, la frustración y el dolor.

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