Falta de aire, sudor frío, náuseas, mareos y molestias en la mandíbula o la espalda son señales que requieren atención.
Un infarto no siempre comienza con un dolor intenso en el pecho. Algunos episodios se presentan con molestias leves o señales como dificultad para respirar, sudor frío, náuseas y mareos, que pueden pasar inadvertidas o confundirse con otros malestares.
La Asociación Americana del Corazón advierte que la falta de aire puede aparecer con o sin molestias en el pecho. También pueden presentarse dolor en los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o el estómago, así como cansancio inusual. Ante señales de un posible infarto, recomienda buscar ayuda de inmediato.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las mujeres tienen mayor probabilidad que los hombres de experimentar dificultad para respirar, náuseas, vómitos y dolor en la espalda o la mandíbula. Además, una enfermedad de los vasos sanguíneos puede permanecer sin síntomas hasta que un infarto o un accidente cerebrovascular sea su primera manifestación.
En información compartida con Meditek, el doctor José Chaves Gómez, médico vascular periférico, destacó otras señales de alarma cardiovascular: un dolor súbito, de máxima intensidad desde el inicio, que se extiende hacia la espalda y puede acompañarse de sudoración y palidez. El especialista indicó que un dolor descrito como “el peor dolor que ha sentido en la vida” requiere valoración médica.
El llamado cobra relevancia este 29 de setiembre, Día Mundial del Corazón. La campaña 2026 de la Federación Mundial del Corazón mantiene el lema “Don’t Miss a Beat” y pone énfasis en reconocer las señales y síntomas de las enfermedades cardiovasculares.
Ante la sospecha de un infarto, se debe solicitar atención de emergencia sin esperar a que aparezca un dolor fuerte o a que las molestias desaparezcan. Los síntomas pueden comenzar de forma leve y aun así requerir atención inmediata.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo. La OMS destaca que evitar el tabaco, realizar actividad física, mantener una alimentación saludable y controlar la presión arterial, la diabetes y el colesterol contribuye a reducir el riesgo.















