DIEZ ASPECTOS AL COMPARTIR ENCUENTROS CON LAS FAMILIAS DE ESTUDIANTES

Lesly Mora, pedagoga

En el año 2018, realicé mi Trabajo Final de Graduación, en la Universidad Nacional. Para lo cual, me dispuse el reto de trabajar con las familias de un centro educativo público, ubicado en la provincia de San José.

Esta experiencia la califico como un reto, porque antes de iniciar todo el proceso, recibí comentarios en varias ocasiones, de que seria muy complicado o difícil. Sin embargo, yo estuve siempre segura de las razones por las cuales yo deseaba trabajar con esta población, y no me detuve a pesar de las diferentes pruebas que se presentaron durante el proceso; porque sí, como me lo mencionaron en reiteradas ocasiones no fue fácil, más no imposible.

A lo largo del tiempo compartido con las familias que participaron de este trabajo en equipo, conocí muchos casos que me hicieron comprender mejor las realidades que suponemos que existen, pero no las vivimos “en carne propia” para comprenderlas. Frecuentemente, a las familias de los estudiantes se les critica con severidad, porque como docentes sabemos el papel fundamental que tienen en los procesos de desarrollo y aprendizaje de los niños y las niñas; pero pocas veces nos detenemos a pensar o preguntar ¿Qué es lo que está sucediendo en el hogar?, ¿de qué manera podemos apoyarlos? Desde mi experiencia con este grupo de personas maravillosas, aprendí a ser más sensible y escuchar, pues es una población, que por ser adulta no se les escucha, solo se les exigen resultados.

Razones para escribir acerca de mi experiencia tengo muchas, así como para haber trabajado con esta población. Sin embargo, en este escrito quiero compartir con la persona lectora interesada en el tema, diez retos pedagógicos relevantes en y para la convivencia con las familias.

 

  1. Aprender a escuchar.

Este punto es un aspecto que con mucha frecuencia en la sociedad es mencionado, pero ¿realmente sabemos escuchar? La escucha es un ejercicio que demos realizar todos los días para hacerlo de la mejor manera, pues con todas las responsabilidades y exigencias que nos demandan mucho tiempo, no somos conscientes de lo poco que sabemos escuchar.

Para escuchar es necesario dejar de lado juicios de valor, comparaciones, incluso es necesario ser menos egoístas; pero ¿Por qué menos egoístas? Como seres humanos es normal y natural que pensemos en nosotros y en nuestras necesidades; sin embargo, cuando ponemos nuestras necesidades o situaciones en este caso por encima de las de las otras personas o más específicamente de la persona a la que estamos “escuchando”, no vamos a escuchar realmente lo que nos quiere expresar o compartir esta persona, pues estamos tan enfocados en hacer una comparación de situaciones, ya sea que pensemos “eso no es nada, yo he pasado por momentos más complicados”, porque el egoísmo no nos deja ver que lo que para unos es difícil para otros es una situación más, pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar o decidir como clasificar las situaciones por categorías de dificultad?

Muy ligado a lo anterior se encuentra otro aspecto previamente mencionado, que es dejar de lado los juicios de valor. No es fácil llevar a cabo estos aspectos, porque a nivel personal considero que son ejercicios que debemos realizar día a día, para lograr convertirlo en un estilo de vida. Los juicios de valor son muy frecuentes en todo momento y lugar, pero no nos damos cuenta porque estamos tan acostumbrados a estos, que ya han sido normalizados. Por lo que es importante reflexionar si nosotros lo acostumbramos a realizarlos, e iniciar un proceso autorreflexivo para reducirlo, pues no somos perfectos, pero podemos ser mejores cada día.

A lo largo de mi proceso de formación profesional, observé como estos aspectos están presentes en las docentes, y esto se puede mejorar mediante procesos de sensibilización, pues el sistema muchas veces nos absorbe y la salida más fácil no siempre es la correcta. De manera que, aprender a escuchar nos permitirá mejorar nuestro desempeño y marcar de manera positiva la vida de las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Así mismos, generar cambios en la dinámica hogar- centro educativo, ya que las familias se sentirán más confiadas para acercarse y conversar, sabiendo que van a ser escuchadas y no juzgadas.

 

  1. Ponerme en la posición de la otra persona.

Visualizar diferentes situaciones desde otro ángulo, se podría decir que es una frase muy trillada, pero también es una frase muy cierta. Al lograr ponernos en la posición de la otra persona, y analizar la situación que nos comparte, si lo realizamos de la manera correcta, nos permitirá una mayor y mejor comprensión de lo que esta atravesando la otra persona.

Como docentes, esto es fundamental porque podremos brindar nuestro apoyo de la mejor manera y en los aspectos que más se requieran, y no por el contrario, en lo que creemos como profesionales, pues muchas veces podemos caer en un error, como seres humanos que somos.

 

  1. La importancia de las familias.

Como docentes, estudiamos a profundidad los procesos de desarrollo y aprendizaje, así como los factores que influyen en estos, y es por esto por lo que somos tan conscientes del rol fundamental que tienen las familias en los procesos de los niños y las niñas. Por lo tanto, es necesario que trabajemos en conjunto con los padres, madres, tías, tíos, abuelos, abuelas de nuestros estudiantes; para lograr mejores y mayores resultados en el desarrollo y aprendizaje.

Para trabajar con las familias, podemos organizar grupos y realizar talleres, encuentros, reuniones o como prefieran llamarlo, ya que lo más importante será el trabajo que se realice en el tiempo que compartan. Al compartir con los encargados, el vinculo y la comunicación pueden mejorar y esto permitirá que se construya una confianza y se disfrute el espacio compartido.

Este tiempo puede organizarse de muchas maneras, pero es fundamental que siempre exista un tema central, ya sea que se aborde con dudas por parte de los participantes, se compartan casos o incluso que se realice una pequeña presentación explicando el tema y se analice de diferentes formas, esto ya quedaría a la creatividad y el objetivo de la persona encargada u organizadora, que es importante que asuma un rol mediador.

 

  1. Amar y conocer la comunidad en la que laboramos.

El contexto siempre es importante, porque este determina en muchas ocasiones la dinámica que se presente dentro del aula, por lo que es necesario conocer la comunidad en la que vamos a laborar. Al conocer la comunidad podemos saber cuales son sus características, necesidades y problemáticas, y de esta manera podemos trabajar dentro y fuera del aula, para aportar “nuestro granito de arena” y hacer cambios positivos para la zona.

Probablemente, se pregunten ¿de qué manera podemos hacer cambios positivos en una comunidad?, lo primero es focalizar una problemática que nos interese y buscar la manera de mejorarla mediante alguna de nuestras pasiones, ya sean deportivas, artísticas o recreativas. Esto porque al combinar e involucrar nuestras pasiones, vamos a disfrutar lo que realicemos, y así no nos vamos a dar por vencidos tan fácilmente cuando se presente alguna situación que nos rete, porque siempre van a existir y es aquí donde nuestro amor por la comunidad y nuestra pasión nos va a permitir enfrentarnos a los retos y seguir adelante.

 

Al trabajar con los niños y las niñas, siempre nos preguntamos ¿qué podemos mejorar? o ¿qué no salió como esperábamos? en alguna de las estrategias que planificamos, lo mismo sucede cuando trabajamos con las familias. Es importante siempre realizarnos las preguntas anteriores e incluso otras como ¿de qué manera podemos mejorar?, ¿cuáles otras estrategias podrían aplicar?

Conocer las repuestas a estas preguntas nos va a permitir mejorar cada día e incluso nos reta a buscar siempre innovar y potenciar nuestra creatividad. Para esto es necesario no solo tener nuestro punto de vista, sino de las personas que participan de las actividades, ya que así sabremos cómo realmente se sintieron y su perspectiva, además de cómo podríamos mejorar, ya que, si realizamos estas preguntas, las respuestas vendrán acompañadas en muchas ocasiones de aspectos positivos que nos darán ideas para próximas estrategias de mediación.

En este aspecto, lo fundamental es tener presenten que siempre se puede mejorar, y que mejorar no significa que lo que hallamos realizado anteriormente estuviese mal, al contrario, debemos pensar que lo que aplicamos estuvo bien y obtuvimos buenos resultados, pero podrían ser mejores, para retarnos día tras día a salir de nuestra zona de confort.

 

  1. Concepción de la evaluación.

En la vida con mucha frecuencia vamos a enfrentarnos a diferentes evaluaciones, pero esto no debería de representar temor como comúnmente sucede. La evaluación se debe visualizar como una oportunidad de mejorar.

Al realizar una evaluación podemos conocer que aspectos se pueden mejorar y cuales están funcionando, esto se puede realizar de diferentes maneras, pero siempre es necesario una autoevaluación, coevaluación y recibir una evaluación externa, ya que esto nos permite tener otra concepción que por medio de la autoevaluación y coevaluación no siempre se pueda adquirir.

Por lo tanto, la evaluación debe ser sinónimo de una oportunidad de crecer y mejorar, y que nos va a permitir salir de nuestra zona de confort y prepararnos para enfrentarnos a diferentes retos.

 

  1. Tomar un respiro.

Los encargados de los niños y las niñas tienen muchas responsabilidades que demandan mucho, tiempo y en la mayoría de los casos le provocan mucho estrés, por lo que una recomendación para los espacios que se vayan a compartir con estos es que sea un momento de disfrute.

A la hora de planificar un espacio de compartir con las familias, es importante buscar que sea un momento de aprendizaje, disfrute y que les permita ser ellos y ellas mismas. Si estas características se mantienen, es muy probable que la asistencia a los encuentros sea cada día mayor y constante, porque las familias consideraran este espacio un momento para aprender, disfrutar y tomar un respiro del estrés cotidiano que todos y todas tenemos a diario.

 

Al trabajar con las familias es importante que exista siempre un espacio de reflexión, en el que todos y todas puedan expresarse y llegar a analizar y visualizar de una mejor manera las diferentes situaciones que se presentan a diario o el tema que se está trabajando.

El proceso de reflexión no es sencillo; sin embargo, si se trabaja constantemente se logra realizar cada día mejor. Al reflexionar nos cuestionamos, y podemos encontrar la respuesta a muchas preguntas, así mismo podemos nos permite crecer como personas y profesionales. Es por esta razón que los procesos de reflexión son tan importantes para la vida de los seres humanos.

 

  1. Tirarnos al agua.

Muchas experiencias e incluso podría decir que las mejores experiencias, se presentan cuando nos arriesgamos a innovar, probar algo nuevo, salir de nuestra zona de confort. Por lo que mi recomendación a partir de mi vivencia es que si sabemos que es lo que nos motiva, que queremos lograr y lo que nos gusta, hay que tirarnos al agua sin miedo, pues en el camino amos a aprender como enfrentar cada situación que nos llegue a retar, porque la motivación que tenemos nos dará la fuerza para seguir buscando la soluciones.

Mi proceso no fue sencillo, y las personas que estuvieron a mi lado lo saben con detalle, pero también saben que era lo que me motivaba y a los diferentes retos que me enfrente y busque diferentes soluciones a lo que estaba a mi alcance. Por lo tanto, fueron testigos de todas las trasformaciones que tuve durante mi proceso de formación.

Si no nos arriesgamos, vamos a perdernos de muchas oportunidades de crecimiento y experiencias maravillosas que no se repiten. Es por esta razón que, sin temor alguno, les invito a que pierdan el temor y se enfrenten a las situaciones que se vayan presentando en el camino, y poco a poco se darán cuenta lo lejos que habrán llegado, solo por haberse tirado al agua.

 

  1. Disfrutar del momento y el proceso.

Si bien es cierto, todos pasamos por momentos en los que seamos que el tiempo pase rápido, y esta bien, somos seres humanos y muchas veces vamos a estar cansados, pero es importante disfrutar del momento, porque ninguna situación se repite de la misma manera y siempre vamos a adquirir aprendizajes nuevos.

Al disfrutar de los procesos aprendemos, es por esta razón que debemos vivir cada proceso y disfrutarlo, para que cuando este culmine, hayamos adquirido todas las herramientas que necesitábamos para enfrentarnos a los nuevos retos que se van a presentar en el futuro.

El proceso de mi Trabajo Final de Graduación fue muy peculiar, pero de algo estoy segura, y es que disfrute el proceso y el momento de cada encuentro en los talleres con las familias que participaron. Además, aprendí de cada uno y cada una de ellas, y estoy segura de que a nivel grupal todos los que asistimos a los encuentros los disfrutamos y nos llevamos un nuevo aprendizaje.

 

Conclusión.

Haber vivido esta experiencia, me permitió sensibilizarme con respecto a las diferentes situaciones que pasan las familias, y que muchas veces ignoramos porque no existe una comunicación con las familias. Esto refleja la importancia de reconstruir los canales de comunicación entre centro educativo y hogar.

 

 

 

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