domingo, noviembre 1, 2026

LA COMIDA EN LAS VELAS: UNA TRADICIÓN DE ACOMPAÑAMIENTO

Una taza caliente y algo de comer pueden expresar lo que cuesta decir durante una despedida. En las velas, esas largas noches en que se acompaña a la familia con el cuerpo presente del fallecido, o su urna con cenizas, compartir alimentos ha sido una forma de reunirse y acompañar a la familia. En Costa Rica existen testimonios históricos y registros culturales de esta práctica, pero no una fecha única que explique su origen ni el momento en que las comidas abundantes habrían cedido espacio al café y la repostería que se impone actualmente.

El vínculo entre comida y muerte antecede a las funerarias modernas. El Museo Nacional documenta en el sitio arqueológico Chagüite evidencias de reuniones y festines asociados con los ritos mortuorios: espacios abiertos, fogones y restos de vasijas para cocinar y consumir alimentos. Estos hallazgos muestran antecedentes prehispánicos, aunque no prueban una continuidad directa con el menú de las velas actuales.

Para el Valle Central del siglo XIX, Patricia Fernández Esquivel y Manuel Chacón Hidalgo describen velas domésticas en las que se distribuían bebidas y comida. Su investigación, publicada en Cuadernos de Antropología, señala que la alimentación y otros componentes del rito variaban según las posibilidades económicas de las familias. No existía, por tanto, una sola manera de atender a los acompañantes.

EL PLATILLO COMO GESTO DE SOLIDARIDAD

El Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial Afrodescendiente del Caribe Costarricense recoge una expresión concreta de esa ayuda: vecinos que llegaban con alimentos para compartir. Documenta chocolate caliente, té de hierbas, sopa de mondongo, pan casero y arroz con leche. La comida reunía a las personas y propiciaba la conversación durante la vigilia.

El registro, disponible en el Sistema de Información Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud, también señala que algunas familias mantienen las velas en casa, con preparación colectiva de alimentos y participación vecinal. Es una tradición que continúa, aunque con adaptaciones.

En las comunidades caribeñas estudiadas, el inventario relaciona el traslado a funerarias con vigilias más cortas y horarios limitados. También advierte que los paquetes comerciales pueden ofrecer bocadillos generales que no incluyen sopas ni platos fuertes tradicionales. Es evidencia de una transformación local, no de un cambio simultáneo en todo el país.

En las fuentes consultadas no se identificó una cronología que permita fechar el reemplazo de grandes comidas por café y repostería, aunque sí coincide con el traslado de las vigilias o velas de la casa de la familia, a la sala de velación, donde los paquetes incluyen las bebidas calientes y alimentación, que por lo general consiste en variedad de panes y galletas

Pero más allá del menú, permanece el sentido de compartir: ofrecer compañía y un gesto de cuidado cuando una familia atraviesa una pérdida.