BARBAS DE VIEJO: LOS LÍQUENES QUE AYUDAN A MEDIR LA CALIDAD DEL AIRE

Las conocidas “barbas de viejo”, que muchas personas observan colgando de ramas, troncos o cercas vivas, no son parásitas, como a veces se cree. Según información divulgada por el Museo Nacional de Costa Rica, se trata de líquenes del género Usnea, organismos que crecen sobre árboles o rocas, pero sin alimentarse de ellos.

Estos líquenes suelen tener un color verde grisáceo o verde amarillento y se caracterizan por sus ramas finas y colgantes. Una de sus particularidades es que poseen un eje central elástico, lo que permite diferenciarlos de otros organismos de apariencia similar.

De acuerdo con el Museo Nacional, las barbas de viejo se encuentran principalmente en zonas húmedas, abiertas y con buena exposición a la luz. En Costa Rica pueden aparecer en bosques montanos, bordes de caminos, árboles viejos, postes de madera y cercas vivas.

Más allá de su apariencia curiosa, cumplen una función ecológica muy importante: son sensibles a la contaminación atmosférica. Por esa razón, su presencia abundante puede ser señal de ambientes con buena calidad del aire, mientras que su ausencia en zonas urbanas o industriales puede relacionarse con mayores niveles de contaminación.

Ramalina. Fotografía: Loengrin Umaña T. MNCR

El Museo Nacional también destaca que las barbas de viejo han tenido distintos usos tradicionales, especialmente en medicina popular, cosmética, decoración y estudios ambientales. Sin embargo, su valor más importante está en su papel dentro de los ecosistemas, ya que sirven como refugio y alimento para algunos organismos, además de contribuir a la biodiversidad.

En Costa Rica, el estudio de estos líquenes ha avanzado en los últimos años. Investigaciones recientes del Herbario Nacional permitieron documentar nuevas especies del género Usnea en el país, aumentando el conocimiento sobre este grupo y su presencia en el territorio nacional.

Fuente: Información tomada del artículo educativo “Barbas de Viejo”, del Museo Nacional de Costa Rica, escrito por Loengrin Umaña Tenorio, biólogo del Departamento de Historia Natural.

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