Detrás de Bodegas Matriarcado hay una historia de familia, pandemia, reinvención y vino. Es el emprendimiento de una pareja herediana que decidió mirar hacia Australia para crear una propuesta distinta en el mercado costarricense: vinos elaborados con uvas australianas, inspirados en mujeres y pensados para quienes desean descubrir sabores diferentes.
La historia nace en San Isidro de Heredia, donde vive desde hace 24 años Abigail Heraud, con su esposo Felipe Muñoz socio en este sueño, y donde nacieron sus tres hijos.
Antes de emprender en el mundo del vino, Abigail y su esposo desarrollaron carreras corporativas exitosas, pero tomaron la decisión de que era momento de construir algo propio, sin embargo, se toparon con algo que nadie esperaba: la pandemia y su negocio de exportación de yuca cerró.
“Tenía 40 años y dijimos: construyamos algo antes de quedarnos sin fuerza, porque la vida corporativa es difícil”, recuerda Abigail.
Al retomar buscaron cuales habían sido los negocios que salieron bien librados con la situación que había vivido el mundo, y encontraron que los licores estaban en esa lista. Precisamente Abigail había estudiado sobre vinos, su historia y la aplicación en la cocina durante esos tiempos de mascarilla y sufrimiento, encontrando en su nueva pasión un refugio, que luego desarrollaría como negocio.
La conexión con Australia surgió por medio de su hermano menor, quien vive en ese país desde hace varios años. Él les enviaba referencias de vinos australianos de diferentes tipos y precios, y la calidad les llamó la atención. Así nació la idea de importar vinos de Australia, un origen poco conocido en el mercado costarricense.

El camino no fue sencillo. Abigail contactó a cerca de 100 productores australianos y solo unos 20 respondieron. En esa búsqueda apareció Tim, un hombre con más de 40 años de experiencia en la industria del vino, quien les planteó una idea que cambiaría el rumbo del proyecto: en lugar de representar una marca ya existente, podían desarrollar su propia línea. Así nació Bodegas Matriarcado.
El concepto surgió después de una lluvia de ideas sobre lo que querían construir. Abigail tenía claro que no se trataba solo de vender vino, sino de crear espacios de conexión. Al día siguiente despertó con el nombre en la cabeza: Matriarcado, porque para ella, el vino tiene una esencia profundamente femenina.
“El vino es inherentemente femenino. Tiene textura, color, capas, matices. Puede ser transparente, complejo, misterioso, sensual. Así somos las mujeres: no somos planas, somos mamás, esposas, profesionales, hijas, cuidadoras, amigas. Tenemos muchas aristas”, explica.
Por eso, todos los vinos de la marca llevan nombres de mujeres y están inspirados en sus historias, personalidades y formas de ver la vida.
Los primeros dos vinos ya embotellados y que se comercializan en Costa Rica son tintos: Virginia e Hilda.
Virginia nació inspirada en su tía de Abigail, a quien describe como una mujer profundamente sociable, auténtica y luminosa. Era de esas personas capaces de conversar con cualquiera y hacer sentir bienvenido a quien estuviera cerca. Por eso, el vino fue pensado como un blend amable, un vino para compartir, para estar en la mesa y acompañar cualquier comida.
Es una mezcla de tres uvas: Shiraz, una de las variedades más importantes de Australia; Merlot, ampliamente conocida; y Grenache, una uva con fuerte presencia en España y Francia. La idea era crear un Australian Blend que funcionara también para el clima y el gusto costarricense.
Hilda, en cambio, es un vino de mayor carácter. Está inspirado en la abuela de Abigail, una mujer adelantada a su época, intelectual, elegante y con una personalidad fuerte. En una época en que se esperaba que las mujeres se casaran jóvenes, ella decidió estudiar, viajar y construir su propio camino.
“Hilda era una mujer profunda, de tertulias, de hablar de política, arte, literatura. Una mujer de avanzada”, recuerda.
Ese espíritu se trasladó al vino: un tinto monovarietal de Shiraz, robusto, con cuerpo y notas especiadas. Es un vino que, según Abigail, pide comida con sustancia: carnes rojas, platillos condimentados y una mesa donde haya conversación.

Actualmente, Bodegas Matriarcado trabaja en dos nuevos vinos: Juana, un Sauvignon Blanc inspirado en una abuela paterna dulce, elegante, valiente y buena anfitriona; y Mariana, un rosado inspirado en una sobrina que vivió con libertad, intensidad y rebeldía. “Mariana va a ser un vino bajo sus propios términos”, adelanta Abigail.
El proyecto combina la visión costarricense con la experiencia de enólogos australianos. Para avanzar en el proceso, Abigail incluso viajó a Australia durante un mes, donde trabajó de cerca en el desarrollo de los nuevos perfiles.
Uno de los principales retos ha sido abrirse espacio en un mercado dominado por empresas grandes, con amplios portafolios y canales ya consolidados. Para un microemprendimiento, conseguir distribución no ha sido fácil.
“Lo más difícil es que las personas le abran las puertas. Competimos con empresas enormes que dominan casi todo el mercado. Tenemos un producto de excelente calidad, exclusivo, con buen precio y buen margen, pero cuesta que la gente se comprometa con emprendimientos pequeños”, reconoce.
Aun así, la satisfacción ha sido mayor que las dificultades. Para Abigail, el vino no solo les permitió emprender, sino también conocer personas, crear comunidad y abrir conversaciones alrededor de una copa.
“La mayor satisfacción es la gente que uno conoce en el camino. Hacer algo que uno creó y verlo existir es maravilloso, pero conocer personas de tantos caminos distintos ha sido el regalo más bonito”, asegura.
Bodegas Matriarcado es hoy una propuesta creada por heredianos, producida con uvas australianas y comercializada en Costa Rica. Un emprendimiento que une continentes, historias familiares y una idea clara: cada vino puede tener alma, carácter y nombre de mujer.
Si desea conocer más de estos vinos o probarlos, puede contactarlos mediante sus redes sociales https://www.facebook.com/matriarcadobodega







