Las empresas familiares continúan siendo uno de los principales motores de la economía a nivel mundial. Se estima que representan entre el 70% y el 90% del Producto Interno Bruto global y generan cerca del 60% del empleo, consolidándose como un pilar fundamental para el desarrollo económico.
En Costa Rica, esta realidad cobra aún mayor relevancia, ya que más del 95% de las empresas son pequeñas y medianas (pymes), muchas de ellas con origen familiar. Sin embargo, garantizar su continuidad en el tiempo sigue siendo uno de los mayores desafíos del sector.
Datos internacionales evidencian que apenas un 30% de las empresas familiares logra pasar con éxito a la segunda generación, mientras que menos del 15% alcanza la tercera. Este panorama refleja la complejidad de sostener estos negocios a largo plazo.
De acuerdo con Savia Studio, firma especializada en procesos de evolución y gobernanza en empresas familiares, este reto tiene un impacto directo en la productividad y competitividad del país.
“En Costa Rica, fortalecer la gestión de las empresas familiares no solo es un desafío empresarial. También es un factor clave para mejorar la productividad, la competitividad y la sostenibilidad del ecosistema empresarial del país”, señaló Felly Salas, directora fundadora de la firma.
Durante las primeras etapas, el liderazgo de la persona fundadora y la cercanía entre los miembros de la familia suelen impulsar el crecimiento del negocio. No obstante, conforme la empresa se expande, surgen nuevos desafíos: aumenta la complejidad operativa, se abren nuevos mercados y las decisiones estratégicas requieren estructuras de gestión más sólidas.
En este contexto, muchas organizaciones enfrentan dificultades como la concentración de decisiones en una sola persona, la ausencia de órganos formales de dirección, la falta de claridad entre los roles familiares y empresariales, así como los retos propios de la sucesión generacional.
Ante este escenario, la profesionalización se posiciona como un factor determinante para la continuidad del negocio. Este proceso implica establecer estructuras claras para la toma de decisiones, fortalecer los mecanismos de supervisión y desarrollar liderazgos organizacionales que trasciendan a las personas.
“La profesionalización no significa perder el carácter familiar de la empresa. Al contrario, significa construir las bases para que ese legado pueda sostenerse y evolucionar en el tiempo”, explicó Salas.
Uno de los elementos clave en este proceso es la gobernanza empresarial. Estándares internacionales como la norma ISO 37000 destacan la importancia de contar con estructuras que orienten la estrategia, supervisen el desempeño y garanticen la rendición de cuentas. En las empresas familiares, además, estos mecanismos permiten equilibrar la relación entre familia, propiedad y gestión.
Otro aspecto fundamental es el diálogo entre generaciones. La transferencia de liderazgo, visión y propósito dentro de la familia empresaria resulta esencial para que el negocio logre adaptarse a nuevos contextos y oportunidades.
Savia Studio acompaña a empresas familiares en procesos de profesionalización, fortalecimiento de gobernanza y preparación para transiciones generacionales, con el objetivo de construir estructuras organizacionales que permitan sostener el crecimiento y la competitividad en el largo plazo.
El desafío para las empresas familiares no radica únicamente en preservar el legado construido, sino en transformarlo en organizaciones capaces de perdurar y seguir generando valor para las futuras generaciones.






