El Pbro. Francisco Javier Esquivel Marín, ordenado sacerdote a sus 25 años, en diciembre del 94, es desde el 2021 el Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Heredia.
Indica que “en el origen de su vocación hay tres elementos: familia católica practicante; Parroquia del Corazón de Jesús -y la influencia de dos curas, el Pbro. Edgar Rivera Garita y Manuel Quesada Prendas- y el tercer aspecto, el Colegio Claretiano; pues el testimonio de los padres apoyó el crecimiento de la semillita y animó el proceso de discernimiento y los 7 años de estudio para la ordenación sacerdotal”.
Mejoras parroquiales
En el año 21 aun en tiempos de pandemia, con aforo y mascarillas, el Padre Francisco enfrentó las dificultades de la época, asumió la tarea de la reapertura de su parroquia, y dio continuación a lo que sus antecesores venían haciendo.
En el Consejo Pastoral encontró apoyo y planificaron nuevos retos, como la necesidad de hacer una “buchaquita” para la urgente mejora del sistema eléctrico, según los requerimientos del ministerio de salud y otros proyectos que requería la infraestructura.
La comunidad de Fátima una vez más respondió al llamado y ha aportado económicamente para colaborar en las tareas de ornato del Templo.
Sello mariano
En estos años de servicio en Fátima, el sacerdote Esquivel ha tomado decisiones entorno la espiritualidad mariana: celebra misa los sábados en la mañana y retomar la herencia del mensaje de Fátima, los días 13 cada mes, ya que considera que “es muy actual para el momento que estamos viviendo hoy”.
El hilo mariano del Padre Francisco fue construido con los mismos elementos de su amor al sacerdocio: “en familia, alrededor de la cama matrimonial junto a mi madre y hermanos se rezaba el Santo Rosario; en la Parroquia del Corazón de Jesús las celebraciones del mes de mayo, -que animaban Juan Montoya y Ovelio Rodríguez con la advocación de María Auxiliadora- y una imagen que iba de casa en casa y en Colegio Claretiano que fortalecían la experiencia mariana”.
También en el trabajo pastoral Parroquia de Nuestra Señora de Fátima el Padre Francisco se ha concentrado en hacer una Iglesia en salida y fortalecer los sectores de la comunidad de Fátima. Con su guía pastoral en casas particulares laicos se reúnen con los vecinos para fortalecer su fe: se han hecho las experiencias ALPHA, VIVES, Burbujas de fe y Encuentros de índole mariana.
La parroquia también comparte con vecinos de otras comunidades y con los adultos mayores, quienes se enriquecen de la experiencia de ser familia y madurar la fe.

Celebración del 70 /30
Con una serie de actividades se busca agradecer a Dios una historia de 70 años que se construye con fe, esperanza, amor y entrega, pues existe una comunidad agradecida con sus abuelos y bisabuelos, “a partir del martes 11 de agosto se hará un triduo con sacerdotes de la comunidad y del colegio claretiano, dos religiosas nativas que comparten la experiencia vocacional y la celebración el domingo 16, a mediodía donde Monseñor José Rafael Quirós Quirós presidirá la Eucaristía.
En la visita del Arzobispo se espera que él “perciba nuestra alegría, estamos agradecidos por el pasado, con esperanza en el futuro, seguros de que estamos, viviendo el presente con ardor y pasión, su presencia es su expresión de comunión, de unidad, de que no caminamos solos, somos parte de la iglesia universal”, señala el Padre Francisco.
Las celebraciones se extenderán hasta el 11 diciembre del 2026, pues se cumplen 30 años de ser Parroquia “Esperanzado de que la comunidad se descubra continuadora del legado de Fátima, que recuerda debemos continuar siendo embajadores mediante la oración, la penitencia y el desagravio como testimonio; pues ddesagraviar con actos de amor, los corazones de Jesús y de María es el elemento fundamental del mensaje de Fátima.
Roperito de San Vicente
Este proyecto une a las parroquias del centro de Heredia es una obra social que el Padre Esquivel promovió estando en Santa Lucía y se trata de obtener donativos para apoyar los grupos voluntarios del Hospital San Vicente de Paul, quienes verifican cuáles personas hospitalizadas requieren de implementos básicos, por ejemplo, los que llegan de lejos a consulta y quedan internados sin sandalias, cepillos de dientes, champú, otras necesidades básicas.
Heredia en sus parroquias centrales somos una Heredia mariana, dice le Padre Esquivel Marín “tenemos la Inmaculada Concepción, la de los Ángeles, la Medalla Milagrosa, -en la parroquia del corazón de Jesús tenemos el templo antiguo dedicado al corazón de María y Nuestra Señora de Fátima, creo que la experiencia que también hacemos en octubre del rosario misionero entre las cinco parroquias, es sobre todo manifestar el amor profundo hacia nuestra madre, que es ejemplo de discípula, para nosotros ser discípulos de su hijo”.
Una historia de familia, fe y compromiso
La fe de un pueblo construye con las vivencias, el compromiso y la devoción de las familias.
El matrimonio Alvarado Villalobos donde Mario y Eugenia junto a sus hijos Ricardo José, Francisco Alonso, Daniel Andrés, José Gabriel y Marco Esteban crecieron y fortalecieron su fe en los alrededores de la Iglesia de Fátima y estos son los niños que hoy adultos se les recuerda con cariño, pues eran los monaguillos del Padre Juan Rafael Chacón.
Mario recuerda «Llevo más de medio siglo en Fátima. Pero irónicamente, de joven no venía a esta iglesia; yo hacía mi vida sacramental en la Inmaculada, a los 17 años empecé a frecuentar la iglesia de Fátima porque empecé a salir con una novia que vivía por aquí», sonríe al recordarlo.
Por su parte Eugenia recuerda que de pequeña vivía por la clínica del seguro; su padre y su abuelo fallecieron tempranamente por lo que su mamá enviudó a los 25 años, “con el sueldo de maestra y dos niñas pequeñas encontró en los Cursillos de Cristiandad el motor para salir adelante. En mi casa el rosario no se negociaba; mi abuelita se dormía y se despertaba rezando. Crecimos sabiendo que si las cosas salían bien, era por las oraciones de mamá».
Papa Juan Pablo II
A principios de la década de 1980, Fátima aún no era la parroquia erigida que es hoy. Paso a paso, transitó de rectoría a centro de animación pastoral, el hoy San Juan Pablo II marcó un hito para ellos, cuando ejerció su ministerio papal.
El 13 de mayo de 1983 el Papa es herido en Roma, y la comunidad católica se estremece y Doña Carmen Ramírez va con su madre y sus dos hijas al templo de Fátima pedir salud y recuperación para su Santidad. Cuenta Eugenia quedoña Carmen le dijo a su madre y a sus hijas: «Hoy es el día de la Virgen de Fátima; vamos a rezar a la iglesia». Hasta entonces, aquel templo semiescondido no figuraba en su rutina diaria, pero a partir de esa tarde de oración por la vida del Pontífice, la familia adoptó Fátima como su hogar espiritual.
Esa huella de San Juan Pablo II caló hondo en la pareja. En marzo de 1983, cuando el Papa visitó Costa Rica, Mario y Eugenia eran novios. Gracias a la gestión de la madre de Eugenia, consiguieron hospedarse cerca de La Sabana para no perderse un solo detalle de la visita y ahí Mario fortalece los cimientos de sus creencias religiosas y se da a la tarea de convertirse en un estudioso de los principios y la base de la religión católica.
«Asistimos a la misa campal, al encuentro con los jóvenes y a recibirlo en la Nunciatura cada vez que volvía de sus viajes por Centroamérica», rememora Mario con emoción.
«El Papa nos dejó tarea. Nos explicó la fe con la claridad de un profesor universitario. Para mí, que era un joven universitario devorador de libros, eso marcó un antes y un después». Y ahora apoya el trabajo de formación en los sectores de Fátima.
Protección espirutual
La formación religiosa de Mario no fue tradicional, su búsqueda espiritual tomó matices intelectuales con el paso de los años. Tras la visita papal, Mario devoró las encíclicas de Juan Pablo II —en especial la Veritatis Splendor—, adquirió la Biblia de Jerusalén e incluso llegó a copiar a mano pasajes enteros de libros teológicos que no podía fotocopiar.
Con los años, su búsqueda de respuestas lo llevó por distintas etapas: desde la literatura clásica y el universo de Tolkien, hasta un redescubrimiento profundo de la fe a través de los medios católicos, la apología y el magisterio de la Iglesia. Sin embargo, el cambio más significativo en su vida no fue intelectual, sino del corazón: la devoción a la Virgen María.
«Debo reconocer que en algún momento de mi vida soslayé a la Virgen», confiesa Mario con sinceridad. «Tenía discusiones con la mamá de Eugenia porque yo decía que la devoción debía ser solo a Dios, pero leyendo, profundizando y viendo el ejemplo de mi esposa y mi suegra, entendí el papel decisivo de María en la historia de la salvación. Fue un descubrimiento hermoso».
Oportunidades de «El de Arriba» y el legado a los hijos
La fe de esta familia no ha sido teórica; se ha forjado en la prueba. Mario ha estado al borde de la muerte en dos ocasiones complejas: una cirugía de altísimo riesgo hace ocho años y una severa complicación por COVID-19 que lo llevó a cuidados intermedios. “El de arriba decidió que yo siguiera aquí», afirma. «En el hospital me visitaron los sacerdotes de la parroquia, el capellán… Esas experiencias te hacen reordenar las prioridades de la vida».
Hoy, al mirar hacia atrás, el mayor orgullo de Mario y Eugenia es el hogar que construyeron juntos y la educación de sus cinco hijos varones.
Bajo el liderazgo amoroso de Eugenia, la fe en la casa no se impuso como una carga, sino como una atmósfera cotidiana, así la familia Alvarado Villalobos señala sus pasos:
- Bautizados en la fe: Todos sus hijos fueron bautizados a los pocos días de nacidos y presentados en el templo a los 40 días, manteniendo viva la tradición litúrgica.
- El compromiso del domingo: Desde recién nacidos, la misa dominical fue el pilar inquebrantable de la dinámica familiar.
- El servicio: Los cinco hermanos siguieron los pasos del altar, sirviendo durante años como monaguillos en la comunidad.
- La protección mariana: Todos llevan desde niños el escapulario de la Virgen del Carmen, un signo visible del amparo con el que sus padres los encomendaron al cielo.
La historia de Mario Alvarado y Eugenia Villalobos es el reflejo de miles de familias costarricenses que, en el silencio del día a día, construyen comunidad alrededor de su parroquia.
Entre la sabiduría de los sacerdotes que han pasado por Fátima, el trabajo con comunidades religiosas como los Misioneros Combonianos, y el rezo diario del rosario en la mesa familiar, esta pareja ha demostrado que la fe no es un concepto abstracto; es un acto de amor cotidiano que se transmite de generación en generación, guiado siempre por la mano materna de la Virgen de Fátima.


















