
María Carrillo
En una sociedad acostumbrada a medirlo todo por su utilidad, rentabilidad o beneficio, detenerse a contemplar los pequeños detalles que dan felicidad puede convertirse en una acción revolucionaria.
Mirar una planta, escuchar un pájaro, observar el agua, sentir nuestra propia respiración y reconocer la maravilla de estar vivos, nos permite recuperar una relación distinta con el mundo. Y allí es donde aparece una pregunta fundamental: ¿cuál es mi pequeña Amazonía?
Fray Andrés Quesada Soto de la Orden de Frailes Menores Conventuales, de la Asunción de Belén nos revela algunas pistas de qué hacer para encontrarla: puede ser un gran jardín, una maceta, un árbol frente a nuestra casa o simplemente una planta que cuidamos todos los días; lo importante no es su tamaño, sino nuestra capacidad para descubrir su valor, porque difícilmente cuidaremos aquello que no aprendemos a valorar.
Ocho siglos de historia
Hace 800 años, San Francisco de Asís entonó el “Laudato Si, mi Signore (Alabado seas, mi Señor), no estaba escribiendo un tratado de ecología; sin embargo, siglos después, el Papa Francisco se inspiró en su visión para nombrar su encíclica dedicada al cuidado de la casa común.
El Santo Francisco no veía la naturaleza como un conjunto de recursos destinados a ser utilizados, la contemplaba como una gran familia: hermano sol, hermana luna, hermano lobo, hermana agua, hermana águila; “para él, indica Fray Andrés, todas las criaturas tenían un mismo origen: el Dios creador, su mirada comenzaba en Dios y terminaba en el respeto por todo lo creado”.
Esa es quizás una de las grandes enseñanzas que la herencia franciscana nos ofrece en estos tiempos tan convulsos: pasar de preguntarnos ¿para qué me sirve? a preguntarnos ¿qué me está diciendo esto que tengo delante?.
Así, cuidar nuestro entorno no es un elemento accesorio de la fe, es una consecuencia de reconocer que somos parte de un todo y no dueños absolutos, es por eso, que la tradición judeocristiana presenta al ser humano como jardinero: alguien que recibe, cuida, cultiva y entrega.
Ciudadanos del siglo XXI
Somos privilegiados de vivir hoy, hemos heredado la riqueza del conocimiento de generaciones anteriores y tenemos acceso a la información y a la tecnología para adquirir una visión integral del planeta que da la vida a los ecosistemas y a las sociedades humanas que le son interdependientes.
En este espacio que escribimos en Heredia Hoy “Bio” hace referencia a la vida y “mundo” al espacio común que habitamos; desde esta perspectiva, el ser humano no está separado de la naturaleza: depende de ella y, al mismo tiempo, influye directamente en su equilibrio.
Así, Biomundo propone superar una mirada en la que la naturaleza es considerada únicamente una fuente de materias primas: agua, bosques, suelos, océanos, biodiversidad y clima que constituyen los sistemas que sostienen la economía y la vida cotidiana.
Pero, cuando estos sistemas se deterioran, también se afectan la salud, la producción de alimentos, la disponibilidad de recursos, las comunidades y las oportunidades de desarrollo.
Por eso, pensar en Biomundo implica responsabilidad, equilibrio, conservación y regeneración.
La idea central es comprender que cada decisión forma parte de una cadena de impactos y que la protección ambiental requiere responsabilidad individual, empresarial y colectiva.
Querida Amazonía
En febrero 2020 el Papa Francisco publicó una exhortación apostólica donde plasmó cuatro grandes sueños para el futuro:
1. Social: Clamor por los derechos de los pobres, los pueblos originarios y los excluidos frente al daño ambiental y la explotación.
2. Cultural: Defensa de la riqueza cultural de la Amazonía, el respeto por sus saberes ancestrales, sin imponer modelos externos.
3. Ecológico: Exigencia de custodiar con fuerza la vida desbordante de la selva y su biodiversidad, pues todo está conectado a través de una ecología integral.
4. Eclesial: Invitación a desarrollar una Iglesia con rostro amazónico, con propuestas misioneras adaptadas a su realidad local y cultural.
Cuidar la casa común: una misión de fe
¿Qué estoy haciendo yo para cuidar la casa que Dios me entregó?. Esa pregunta resume una de las grandes llamadas que la iglesia católica ha desarrollado con particular fuerza en las últimas décadas.
Para profundizar en una eco-espiritualidad hay que cambiar la mentalidad y buscar la paz y el respeto por los otros.
El Papa Francisco convirtió esta preocupación en un eje pastoral de alcance universal con la encíclica Laudato Si en el 2015, cuando propuso la ecología integral: una mirada que reconoce que la crisis ambiental y la crisis social están profundamente interrelacionadas: la naturaleza no es un escenario separado de la vida humana; nosotros mismos formamos parte de ella.
Por consiguiente, la conversión ecológica comienza cuando la fe modifica nuestras decisiones cotidianas.
De la contemplación a la responsabilidad
El Vaticano ha insistido en que la respuesta requiere una transformación personal y comunitaria, en un mensaje sobre resiliencia de las personas y los ecosistemas, recordó que el cuidado de la casa común constituye una obligación moral y vinculó esa tarea con la conversión ecológica.
Así, la Ciudad del Vaticano tradujo estos principios en medidas concretas: reducción de residuos, respeto de las zonas verdes, ahorro de agua y energía, impulso de fuentes renovables, reducción de emisiones y prácticas más respetuosas con la tierra.
Al mismo tiempo, ha señalado que una espiritualidad ecológica necesita expresarse en hábitos visibles, pues evangelizar ecológicamente no significa convertir la parroquia en una oficina ambiental, sino ayudar a descubrir que la relación con Dios, con el prójimo y con la creación está conectada.
Por eso, permite pensar que una catequesis que enseña a agradecer el alimento puede conducir naturalmente a evitar su desperdicio; una pastoral que da solidaridad puede llevar a proteger el agua de la comunidad. Una celebración litúrgica puede despertar gratitud por la tierra y, después, traducirse en una acción concreta de servicio.
Escuchar el clamor de la tierra
La Laudato Si está dirigida a todas las personas de buena voluntad del planeta, en 2023, la exhortación Laudate Deum volvió a llamar la atención de los tomadores de decisión sobre la crisis climática y sobre la necesidad de cambios en los estilos de vida.
En 2024, mediante el motu proprio Fratello Sole, el papa Francisco subrayó la necesidad de avanzar hacia modelos sostenibles y recordó la participación de la Santa Sede en los esfuerzos internacionales frente al cambio climático.
La continuidad del compromiso se ha expresado también en el pontificado de León XIV, en la misa por el cuidado de la creación, celebrada en julio del 2025, recordó que, sigue siendo necesaria la conversión personal y comunitaria y relacionó los desastres ambientales con excesos vinculados a comportamientos y estilos de vida humanos.
La perspectiva es, por tanto, claramente pastoral: no se trata de sustituir el Evangelio por una agenda ambiental. Se trata de descubrir que el Evangelio tiene consecuencias sobre la manera en que tratamos al mundo creado, sobre cómo consumimos, cómo compartimos, cómo educamos y cómo cuidamos a quienes sufren primero las consecuencias de la degradación ambiental.
Camino jubilar franciscano 23-26
Francisco de Asís vuelve a caminar entre nosotros.
Para comprender esta sensibilidad cristiana, “basta detenerse en un hombre que hace ocho siglos miró el mundo con ojos distintos, su espiritualidad no separaba al Creador de sus criaturas: sol, agua, fuego, tierra, animales y los seres humanos todos hijos de un mismo padre, que miraban con respeto aparecían ante él dentro de una fraternidad fundada en Dios”, señala Fray Andrés Quesada.
Además indica que han estado viviendo varios centenarios en la Familia Franciscana, pues han celebrado sucesivamente:
- La Regla y la Navidad en Greccio (2023): aprobación oficial de la Regla de los Hermanos Menores por parte del Papa y la entrañable recreación del primer pesebre en la gruta de Greccio.
- El don de los Estigmas (2024): experiencia mística en el monte Alvernia, donde san Francisco recibió en su cuerpo las cinco llagas de Jesucristo crucificado.
- El Cántico de las Criaturas (2025): composición del himno de alabanza a Dios a través de la naturaleza
- El Tránsito o Pascua de Francisco (2026): El año de clausura del centenario, dedicado a recordar el paso del santo de Asís de esta vida terrenal a la eterna.
Francisco de Asís murió pobre, reconciliado y cantando a Dios. Su testimonio invita a una pobreza entendida no como miseria, sino como libertad frente a la lógica de poseerlo todo.
Y el Fray Quesada Soto hace también memoria que dentro de la filosofía franciscana también hay otro personaje que dejó huella y él es San Buenaventura.
Así, toda esta celebración puede convertirse en una escuela de reconciliación: con Dios, con las personas, con los pobres, con la creación, y con la paz, ya que ha quedado como puente de alabanza y reconciliación.
Es por eso, que este aniversario puede convertirse en una invitación comunitaria a preguntarnos qué significa hoy ser hermanos y hermanas de la creación y cómo transformaremos nuestro planeta tierra, nuestras naciones, nuestras comunidades y nuestros corazones.
Una decisión de vida y un compromiso social
En la práctica —vivida a través de la Orden de Frailes Menores (OFM), las hermanas franciscanas, la Orden Franciscana Seglar (OFS) y sus centros educativos o parroquias—, decir «Paz y Bien» para los franciscanos implica asumir un compromiso activo:
- Ser constructores de fraternidad: Actuar como puentes de reconciliación en entornos divididos (en el hogar, el trabajo o la sociedad).
- Cuidado de la casa común: Respeto profundo por la naturaleza y los animales, reflejo directo del cántico ecológico de San Francisco.
- Alegría y sencillez: Vivir con un corazón agradecido, humilde y libre de apegos materiales, respondiendo a las dificultades cotidianas con la perfecta alegría franciscana.
Una Iglesia que sale al encuentro
Asimismo el evangelio nos invita constantemente a reconocer a “Cristo en quien sufre.
Jesús no construyó su misión desde la distancia, se acercó a quienes eran excluidos, escuchó a quienes no eran escuchados y devolvió dignidad a quienes otros habían convertido en invisibles” indica Fray Andrés.
Por eso preguntémonos si seremos capaces de lograr que nuestras calles sean más humanas, no podremos solucionar todas las situaciones de pobreza, exclusión, pero participemos en construir puentes, colaborar con quienes tienen experiencia, y educar a las poblaciones para que procuren dar una mano a las poblaciones más frágiles.
También se ha que enseñar a los jóvenes que la solidaridad no consiste en sentir lástima, sino en actuar con respeto.
Es importante buscar la paz, terminar el hambre y las guerras, pues las poblaciones más vulnerables son las que terminan siendo las más afectadas.
Es por ello entonces que la espiritualidad ecológica no consiste únicamente en trabajar en temas ambientales, es mucho más profunda: es una manera de caminar por el mundo sabiendo que un ser superior nos rodea, nos habla y se manifiesta en todo y en todos.
Busquemos entonces convertir nuestras comunidades en espacios de colaboración donde nadie sea completamente invisible.
Nuestro reto es la preservación de la Tierra: ¿Nos apuntamos?















