Especialistas señalan que la comunicación, el manejo emocional y los límites respetuosos dentro del hogar influyen directamente en el desarrollo y la seguridad emocional de niños y adolescentes.
La prevención social muchas veces empieza dentro del hogar: en la forma en que una familia conversa, escucha, pone límites y acompaña emocionalmente a sus hijos e hijas.
En un contexto donde numerosas familias enfrentan estrés económico, desempleo, sobrecarga emocional, violencia y pocas redes de apoyo, la crianza positiva se posiciona como una herramienta clave para proteger a la niñez y adolescencia.
Desde la experiencia de Asociación Roblealto, fortalecer las capacidades de crianza no significa aspirar a una “familia perfecta”, sino construir vínculos más seguros, conscientes y protectores.
La crianza positiva promueve el establecimiento de límites respetuosos, la comunicación asertiva y el manejo adecuado de las emociones dentro del hogar.
“Cuando madres, padres y cuidadores aprenden a establecer límites con afecto, comunicarse de forma asertiva y regular sus propias emociones, se reducen significativamente factores de riesgo asociados a violencia intrafamiliar, negligencia, abandono emocional y conductas de riesgo en niños y adolescentes”, explicó Marcelle Romero, directora ejecutiva de Programas Sociales de Asociación Roblealto.
De acuerdo con la organización, las familias que cuentan con herramientas de acompañamiento emocional y comunicación positiva pueden prevenir situaciones como maltrato físico o psicológico, problemas de conducta, agresividad, baja autoestima y conflictos constantes entre padres e hijos.
También pueden reducir factores relacionados con abandono escolar, aislamiento social, consumo de sustancias y otras conductas de riesgo durante la adolescencia.
Roblealto trabaja actualmente con más de 600 familias, fortaleciendo su bienestar, sus oportunidades y sus capacidades para construir relaciones familiares más sanas.
El trabajo con familias forma parte central del modelo de intervención de la organización. A través de su Modelo de Disciplina Participativa Fomentando Virtudes, Roblealto desarrolla talleres, orientación familiar, atención psicosocial, espacios comunitarios y acompañamiento especializado.
Estos procesos se enfocan en disciplina positiva, manejo emocional, comunicación asertiva y comprensión del desarrollo infantil y adolescente.
Más allá de la teoría, la organización señala que los cambios suelen hacerse visibles en situaciones diarias.
Entre ellos se encuentran conversaciones más abiertas, menos reacciones impulsivas, reducción de gritos y castigos físicos, relaciones más cercanas entre adultos y niños, así como una mayor capacidad para dialogar y resolver conflictos sin violencia.
“Los niños y niñas necesitan sentirse escuchados, protegidos y acompañados emocionalmente, especialmente en momentos difíciles. Un entorno familiar donde exista afecto, respeto y contención puede convertirse en un factor protector capaz de transformar realidades y romper ciclos de violencia o exclusión social”, afirmó Romero.
El fortalecimiento de las familias también representa una inversión en prevención social.
Cuando un hogar mejora su forma de criar y acompañar, el impacto no se queda únicamente dentro de la casa. También se refleja en la escuela, en las relaciones sociales, en la comunidad y en el futuro de la niñez y adolescencia costarricense.
La crianza positiva plantea una mirada esperanzadora: pequeños cambios en la forma de comunicarse, poner límites y acompañar emocionalmente pueden convertirse en grandes factores de protección para las nuevas generaciones.







