“RUTA 66” CON EL SABOR DE LA TRADICIÓN

Doña Silvia Muñoz y su esposo Marvin Pérez ven con orgullo como el sueño que inició hace 25 años hoy es fuente de empleo para ellos y también para sus hijos.

Doña Silvia Muñoz aprendió a cocinar desde pequeñita en Zarcero, gracias a que su mamá y sus tías les enseñaban los secretos para preparar los panes y bizcocho, eso despertó en ella el amor por la cocina tradicional, y cuando tuvo la oportunidad de ingresar al INA a un curso de panes no lo dudó.

Desde allí inició su sueño: dar a conocer las bondades y el sabor de la cocina tradicional con su propio negocio.

“Fue como un fue un sueño, estaba en mi casa y me invitaron a un curso del INA para hacer panes y fui yo quería poner una venta, pero mis hijos estaban pequeñitos. Empecé con cositas pequeñas, llevar pancitos para graduaciones, picadillos, arroz con pollo o tortillas para actividades familiares y así poco a poco la misma gente era la que me pedía alguna cosa, por eso es que hay que aprender a escuchar a la gente, vea que ya tenemos 25 años”, comentó doña Silvia.

Ama la cocina tradicional, y con productos frescos comprados a productores, para apoyar a quienes trabajan la tierra. Sus frescos son con frutas y no pulpas, aprovechando los productos de temporada y la bendición de contar con sabores diferentes en cada rincón del país, que son fáciles de unir en su restaurante ubicado en Heredia frente al Hotel América, aunque su sabor también se puede encontrar en la Feria Sembradores Unidos en San Joaquín los viernes y sábados, o con su servicio de catering.

“Lo que nos ha bendecido es la comida de Costa Rica y debemos enfocarnos en dar a conocer lo que somos, nuestras raíces, nuestro ser autóctono, no imitar, sino desarrollar toda la bendición que tenemos. El que no desarrolla eso es porque no quiere. La limitante está en la mente muchas veces… cuando pensamos ¿quién me va a comprar? Si usted no busca los medios para promocionarse no lo logra”, comentó.

Recuerda que el primer cliente para el servicio de catering fue una señora de la Universidad Nacional que le pidió llevar seis desayunos, y siempre le estará agradecida por la oportunidad.

“Estuvimos cinco horas esperando que pasaran los señores al servicio porque la reunión fue extensa, pero con la degustación que hicieron y el servicio que les gustó, nos dieron un contrato para dos mil personas, seccionado, claro, pero por eso yo creo que uno no debe decepcionarse porque vendió poquito o ir pensando que no vale la pena ir a hacer un trabajo, porque uno no sabe lo que está sembrando. Vea que una semilla pequeñita da una gran cosecha”, recordó.

Con el paso del tiempo su esposo se sumó al servicio de comidas, tras sufrir un accidente laboral, lo que ella llama un infortunio que se convirtió en bendición. Después sus nueras se involucraron también y hasta sus hermanos, cuando se requieren manos extras.

“Las recetas son heredadas de nuestras abuelas, de mis tías, de mi mamá, soy zarcereña y ahí se producían todos los panes, desde pequeñitas nos enseñaba mi mamá a amasar las diferentes pastas, a cocinar y aliñar el maíz para el bizcocho, de todo aprendimos. Tenemos el Pan Tía Berta en honor a ella que me enseñó esa receta, y muchos otros tipos de panes artesanales, y las tortillas recién palmeaditas, los picadillos todo fresco porque apoyamos al productor nacional”, agregó.

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